Covacha (2399 m). Ascensión invernal

Ahora, que ya subimos.
Ahora, que queremos volver.
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Queremos compartir con vosotros la ascensión.
Y empezaremos por compartir las imágenes
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Las imágenes, sí, por que lo vivido allí quedó.
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El paisaje, que cambia cada estación, nos estará esperando en primavera.
Y en verano, en otoño, y otra vez en invierno.
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Las plantas habrán florecido.
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Las cabras adolescentes que nos salieron al paso serán un poco más experimentadas.
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La morrena apenas habrá envejecido, su reloj geológico no entiende de periodos tan minúsculos.
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Y el cielo nos deparará un clima imprevisible, ahí radica su encanto.
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La laguna tendrá otra agua, otra temperatura (aparejen trajes de baño).
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Tal vez aquel águila siga controlando las cumbres.
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Mezclaremos tortillas, vino, ampollas, fotografías, croquetas, traspiés, …
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La caminata hasta el circo, seguro, se hará corta.
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Y, transcurrido el tiempo, nos juntaremos a ver las diapositivas de ese día mientras en la olla cuecen judías del Barco, y entonces te gustará saber que estuviste allí.
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Ameal de Pablo. Vivac invernal

Son los días más cortos del año; pero no queremos desaprovechar la ocasión de ver el circo del Almanzor con nieve. Así que hemos planeado una incursión relámpago hasta la base del Ameal de Pablo, contamos con una buena representación del Comando Cornisa.
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Encontramos la laguna grande congelada y nos aventuramos a atravesarla.
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Se adivina agua líquida bajo nuestros pies y procuramos andar separados para evitar riesgos.
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Superado el refugio Elola, el canal de los Geógrafos, racheado con placas de hielo frena nuestro ritmo de subida.
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Nos vemos obligados a usar las manos para superar algunas piedras; pero ya estamos arriba. Hasta el lugar elegido para el vivac aún tendremos que exigirles a nuestras rodillas ascender pendientes sofocantes. Además cuando no hay hielo nos hundimos en la nieve blanda.
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El ocaso nos llega con la tienda auxiliar ya montada y podemos ver cómo el Ameal (en la foto) y la Galana se reparten las últimas luces del día. Nosotros nos pasamos el vino de mano en mano.
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Hemos pasado trece horas metidos en el saco, hubo ronquidos, risas que provocaban dolor de costillas, maldiciones al viento, a la manta térmica que se empeña en ondear, a la sensación térmica, visiones del paraje iluminado por los reflejos de la luna, más ronquidos…
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A pesar de llevar una estación meteorológica sólo podemos registrar la temperatura real a las 08:30 de la mañana: – 7 º C. Realmente merece la pena amanecer rodeados por La Galana (en la foto), el Ameal de Pablo y el Almanzor.
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Autorretrato.
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Y con la satisfacción de haber disfrutado la jornada emprendemos el regreso.
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Y con la satisfacción de haber disfrutado la jornada emprendemos el regreso.
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Y con la satisfacción de haber disfrutado la jornada emprendemos el regreso.
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