Una decisión equivocada

Hemos vuelto a Gredos, -mismo lugar de pernocta que hace una semana-, con el objetivo de subir al Cabeza Nevada.

Al iniciar la marcha, de forma totalmente inexplicable, (todavía nos estamos arrepintiendo), optamos por dejar nuestros crampones en el coche en la creencia de que sólo encontraremos nieve blanda. A poca distancia de la cima la propia montaña se encargará de demostrarnos cuán errados eran nuestros pronósticos.

No haber alcanzado la cumbre esta vez no impide que hayamos disfrutado una jornada estupenda en el monte y “guardaremos recuerdos que nos durarán muchas noches de invierno“.

Acompaña a las imágenes un texto entresacado de los escritos de finales del siglo XIX del escalador inglés Albert Frederick Mummery:

“En cuanto a mí, me veo obligado a confesar una deplorable debilidad de mi carácter. Cuando subo un pico, éste se convierte en mi amigo y, con todo lo delicioso que pueda ser buscar ‘bosques frescos y nuevos pastos’, en el fondo de mi corazón añoro las pendientes de las que conozco cada pliegue y en las que cada roca despierta recuerdos de regocijo y de risas y de los amigos de antaño.

Como consecuencia de esta terrible debilidad, he pisado la cumbre del Cervino no menos de siete veces. Me he sentado en su cumbre con mi mujer cuando el aire estaba tan tranquilo que ni la llama de una cerilla hubiera temblado, y he sido perseguido por la loca furia del trueno, los rayos y la ventisca mientras descendía la arista italiana y su descompuesta cresta. A pesar de todo, cada recuerdo tiene su peculiar encanto y la salvaje música del huracán no es menos deliciosa que la de la gloria de un día perfecto. 

La idea arraigada en el montañero ortodoxo de que un único ascenso, en un día, en un año, le permite a ese mismo montañero entender cómo es ese pico el resto de los días, el resto de los años, sugiere que se trata de un filisteo sumido en las ciénagas. Cierto es que las rocas y los pináculos son los mismos, pero su encanto y belleza reside en las siempre cambiantes sombras y luces, en las nieblas que los envuelven, en las enormes cornisas y sus neveros colgantes, en todas las variantes del tiempo, las estaciones y las horas. Es más: no es tan sólo que la visión impresa en la retina refleje los estados de ánimo y los cambios de una tormenta de verano a un tiempo soleado, sino que el propio observador no es menos variable.”

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4 comentarios en “Una decisión equivocada

  1. Antonio Romero

    Como Mummery, disfruto de cada repetición. Las mismas rocas pero distintas sensaciones, diferentes vivencias. Cada cima comparte experiencias distintas que te enriquecen el alma.
    No habrá número suficiente de veces para saciarme.

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  2. Paco Moreno

    ¿Hemos vencido a un enemigo- A ninguno, excepto a nosotros mismos. ¿Hemos ganado un reino- No, y no obstante sí. Hemos logrado una satisfacción completa, hemos materializado. Luchar y comprender, nunca el uno sin el otro, esta es la ley. [Mallory]

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