Campamento San José 2018

Primera quincena de julio. Un centenar de adolescentes y veinticinco monitores se desplazan a Gredos para vivir en medio de la naturaleza.

En el campamento los cuervos ejercen de despertador poco después de que el sol asome sobre el horizonte. Te levantas rodeado de enormes pinos y te diriges a la cocina; es probable que algún amable monitor haya madrugado y entonces te recibe el olor del café recién hecho. ¿Qué tal la noche? ¿Actuó el “zorro del campamento”?

Poco a poco van acudiendo el resto de adultos, que aprovecharán que los acampados aún duermen para asearse con relativa tranquilidad.

A las ocho y media se toca diana y es de ver como los pequeños vencen la pereza corriendo alrededor de las tiendas en una suerte de circuito de atletismo natural.

Al cabo, momento de oración comunitaria para empezar el día con sentido.

 Enseguida el desayuno y tras los avisos generales del jefe de campamento comienzan las actividades por ramas. Las jornadas son a cual más intensa. La variedad y la sorpresa son constantes. Lobatos, rangers y pioneros no paran; sus monitores… menos. Talleres de artesanía, bicicleta, paseos a caballo, repostería, orientación, tiro con arco, juegos grupales varios, baños en ríos y piscinas naturales, etc.

Exhaustos y exultantes acudimos a mediodía a reponer fuerzas gracias a la estupenda comida que a menudo conseguirá que en estas dos semanas pongamos peso a pesar de la actividad constante. Memorables son las bendiciones de la mesa corales.

Apenas un ratito de descanso y ya se reanudan los juegos; no queda un rincón del campamento sin ser utilizado como cancha, o enorme tablero para fútbol, voleibol, sogatira, par-impar y demás ocurrencias de “Bagueera” y compañía.

El momento de la merienda es un pequeño paréntesis en medio del programa lúdico.

Atardece y tal vez sea el momento de ducharse y después acudir a la misa que se oficia en un altar confeccionado con elementos naturales; las homilías giran en torno al compañerismo, la tolerancia, la familia, la gratitud y la gratuidad… Y consiguen que todos nos sintamos más a gusto con nosotros mismos y con los que nos rodean, más en sintonía con la naturaleza que nos envuelve.

Cena, precedida de reconocimiento a los compañeros más abnegados de hoy. Como siempre que usamos el comedor, sigue la limpieza de platos, cubiertos, vasos, mesas y suelo.

Vendrá después algún juego nocturno clásico: “El espeleólogo”, “Rommel y Montgomery” y también las reflexiones en grupo, evaluaciones del día donde resumimos y aquilatamos lo aprendido.

La imprescindible banda sonora de “La misión” marca la hora de irse a dormir para los acampados. Los monitores… eso es otra historia.

A medianoche se celebra el Kraal o “reunión de jefes”. Aquí contamos cómo ha ido el día en cada rama, se ponen en común las posibles situaciones problemáticas vividas y se trata de aportar soluciones. También se programa la jornada de mañana. Y ahora sí, por fin cada cual se retira a descansar. O tal vez siga un kraal un tanto más informal.

En resumen, en el campamento confluyen un grupo de monitores que conviven y descubren la amistad al tiempo que hacen posible que estos niños y adolescentes vivan una experiencia muy completa en un paraje espectacular.

En cuanto a las marchas por la montaña, el horario y las actividades son sensiblemente diferentes de lo narrado; pero eso ya lo cuentan las fotografías. Falta, eso sí, alguna imagen nocturna de la silueta de los picos, las estrellas y constelaciones, planetas, satélites, aviones y estrellas fugaces con las que nos íbamos a dormir. En la memoria queda.

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3 comentarios en “Campamento San José 2018

  1. Concha Leza

    Que buena experiencia para los chavales y monitores. Me trae buenos recuerdos de cuando yo participaba como monitora en los campamentos de los Salesianos. Experiencias así te ayudan a crecer como persona. Enhorabuena a todos los responsables!

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  2. Antonio Cabeza

    Un mismo lugar y más de un centenar de pares de ojos de diversas edades, con un historial de imágenes impresas diferentes, y ahora fotografiando de cien maneras distintas a ese ser rocoso que atiende por Gredos. ¡Quién pudiera aprehender todos los detalles captados!

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