Laguna de la Nava

2021 pasará a la historia del alpinismo como el año en que se realizó la primera ascensión invernal al K2, completando así la lista de los catorce ochomiles conquistados en invierno. También, desgraciadamente, se recordará por las tragedias ocurridas en esa misma montaña.

La atrevida práctica de ascender las montañas más altas del mundo en la estación más fría surgió en los años ochenta de la mano de los escaladores polacos, auténticos guerreros del hielo, de entre los cuales destacan las figuras de Krysztof Wielicki (premio Princesa de Asturias 2018) y Jerzy Kukuczka (segundo hombre en ascender los catorce ochomiles). Polacas son nueve primeras ascensiones invernales a picos de más de ocho mil metros de altitud, siete de ellas llevadas a cabo en la década de los ochenta.

Ya en el siglo XXI, con el impulso del italiano Simone Moro, se conquistan otras cuatro cimas del selecto grupo. Sólo faltaba el K2.

El 16 de enero de 2021 un grupo de diez escaladores sherpas alcanzaron la cumbre del K2 mientras cantaban el himno de su país, Nepal. El mundo del himalayismo aplaudía esta gesta realizada por los sherpas, habitualmente relegados al papel de ayudantes y alejados del protagonismo de las grandes expediciones.

Por estos lares preferimos el almanaque al cronómetro, haciendo nuestro aquel propósito de “estar actualizados con los siglos y no tanto pendientes de las noticias de última hora”. Así que vamos a acordarnos de otro sherpa y otra época:

En 1952 Tenzing Norgay era un humilde sherpa que tenía claro que quería dedicar su vida a subir montañas, y muy especialmente el Everest. Su reputación ya era enorme. A sus condiciones excepcionales para escalar a grandes alturas (bromeaban con la idea de que tenía tres pulmones) se sumaban su conocimiento de lenguas y dialectos y sus dotes organizativas. En cuanto la ocasión requirió de sus servicios como sirdar, (encargado de todos los sherpas en una expedición), Tenzing se demostró muy solvente.

A sus 38 años había participado en cuatro expediciones al Everest, y otras muchas le habían llevado a recorrer cordilleras y valles de India, Nepal y Tibet, actuando como porteador, intérprete y a veces como confidente y alumno incluso.

Por eso, cuando Suiza obtiene en 1952 los permisos de la India para realizar una expedición al Everest, cuya cima permanecía sin ser hollada, el nombre de Norgay para el puesto de sirdar es indiscutible. Pero los suizos dan un paso más: Tenzing también figurará en la nómina de escaladores con los que se cuenta para el asalto final a la cumbre. Esta doble función mantendría muy ocupado al sherpa, quien se siente muy honrado y valorado por los helvéticos.

Aquella primavera los escaladores tuvieron que emplearse a fondo para superar las barreras que habían hecho desistir a los británicos el año anterior. Eran conscientes de que si fracasaban perderían toda oportunidad de ser los primeros: India seguía una especie de orden rotativo con la adjudicación de permisos y Suiza no podría volver hasta 1955, para entonces era harto probable que alguna expedición de otra nacionalidad resultase exitosa.

En el avance el trabajo de Tenzing era supervisar que todos los sherpas cumplían su tarea y los campamentos de altura quedaban debidamente equipados. Él mismo se repartía entre la vanguardia de los escaladores y la retaguardia donde a menudo le tocaba mediar entre sus paisanos y los sahibs.

Durante los días de montaje de las cuerdas fijas y tallado de escalones surgió de manera espontánea una sociedad altamente eficaz entre el suizo Raymond Lambert y Norgay. A pesar de las dificultades con el lenguaje, (Tenzing no hablaba francés y Lambert apenas controlaba el inglés), la pareja de escaladores congenió desde el principio.

A medida que los campamentos se situaban más y más alto los grupos se fueron reduciendo. Cuando llegaron al límite de su propia confianza, los sherpas se retiraron y aunque los planes eran contar con su apoyo hasta cotas un poco más altas, los suizos les reconocieron su esfuerzo y continuaron solos, con Tenzing como un escalador más.

Estaban muy cerca de la cima, pero los materiales y víveres no eran suficientes para todos. De mutuo acuerdo Lambert y Norgay deciden apurar sus opciones quedándose en una pequeña tienda por encima de los 8300 metros. Sin sacos de dormir, pasaron la noche en vela y cuando hubo algo de luz retomaron la ascensión. En esas condiciones, colocarte los crampones con las manos insensibles puede llevar horas; preparar una bebida caliente es misión imposible.

Y llegó el día tan esperado por los dos montañeros. Reunían fuerza y determinación… pero no bastó. Cuando les faltaba por superar un desnivel con respecto a la cima de unos doscientos cuarenta metros, los dos amigos reconocieron lo inevitable: tal vez podrían alcanzar la cumbre, pero a costa de comprometer la seguridad del descenso de forma inasumible. Decidieron dar la vuelta.

En otoño de ese mismo año, los suizos volvieron con un equipo más potente y de nuevo con Tenzing y Lambert abriendo huella, pero en esa ocasión la meteorología se mostró intratable y hubieron de volverse incluso un poco antes que en primavera.

El resto es Historia: cuando el 29 de mayo de 1953 Edmund Hillary y Tenzing Norgay se convirtieron en los primeros hombres en pisar la cima del Everest, Tenzing llevaba al cuello la bufanda roja de su amigo Lambert.

3 comentarios en “Laguna de la Nava

  1. Muchas gracias a Juanma “Chicarrón” por Man of Everest, la autobiografía de Tenzing. Es difícil imaginar un regalo mejor para las vacaciones navideñas.

    Y también agradecer a Antonio “Camborio” sus atenciones telefónicas desde el campo base que tanto confortan cuando estamos caminando.

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  2. La conquista del Everest, realizada por Norgay y Hillary dentro de una expedición británica, se presentó como regalo simbólico a la joven reina Isabel II en la ceremonia de su coronación en junio de 1953 (cuatro días después de la ascensión). Desde entonces, el hijo de Tenzing ha subido al Everest, y también el hijo de Edmund Hillary. Un nieto de Tenzing también ha escalado la montaña más alta del planeta. Los tres nietos de Ed, amantes de la montaña como su abuelo, tenían proyectado subir al Everest en marzo de 2020, cuando se interpuso en sus planes la pandemia global.
    Mientras tanto, Isabel II… sigue reinando.

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