Expediciones de ida y vuelta.

Cuando eras un niño disfrutabas cruzando ríos a nado o simplemente andando, subiendo a los árboles hasta la última rama capaz de soportar tu peso. Hoy el reto era ascender el Almanzor en invierno: resultó ser un río demasiado ancho, una rama excesivamente delgada.

 

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